Aunque el acceso al tratamiento antirretroviral ha mejorado la vida de millones de personas con VIH en todo el mundo, en países como Aruba y Curazao, las barreras financieras siguen afectando sus proyectos de vida y estabilidad económica.

Lima, Perú. – En Curazao y Aruba, las personas con VIH no solo se preocupan por iniciar y seguir un tratamiento médico, también significa asumir desafíos para de acceder a seguros de vida, pensiones privadas o hipotecas, aún cuando la persona se encuentra en perfecto estado de salud y con tratamiento antirretroviral. Así lo relata Richardson Ignacio, activista y presidente de la ONG Cura+ Sexual Health Foundation, quien ha visto cómo, en pleno siglo XXI, la discriminación financiera sigue condicionando los proyectos de vida de quienes viven con VIH en su país.
Para él, los avances médicos que hoy existen para mejorar la vida de las personas con VIH, no han transformado las leyes de estos países caribeños, lo que ha seguido anclando el estigma social y financiero, en sectores bancarios, aseguradoras y decisiones institucionales que aún no comprenden que hoy el VIH es una condición crónica tratable y con una larga expectativa de vida.
Prácticas con estigma institucional
Richardson comenta, que esto no ocurre por la existencia de leyes que prohíban explícitamente el acceso —aclara—, sino por prácticas institucionales arraigadas en el desconocimiento y el estigma. En la práctica, las compañías siguen considerando al VIH como un factor de riesgo alto, aun cuando la evidencia científica ha demostrado que, bajo tratamiento, la expectativa y calidad de vida es comparable a la de cualquier otra persona.
“No es que el sistema diga abiertamente que te van a negar. Es que cuando ven ‘VIH’ en la declaración médica, simplemente no avanzas. Y eso te excluye del derecho a construir un futuro financiero estable.”
Un joven diagnosticado a temprana edad puede quedar excluido de comprar una casa, acumular un fondo de pensión privado digno o proteger a su familia con un seguro de vida. En algunos casos, incluso existe el riesgo de perder beneficios ya adquiridos si la condición de VIH aparece en evaluaciones posteriores. Richardson insiste en que esto no responde a criterios médicos actuales, sino a miradas que no han sido actualizadas en el sector financiero. Y, detrás de esas decisiones, se rompe algo más que un trámite: se rompen proyectos de vida.
Aunque reconoce que existen aseguradoras que sí admiten a personas con VIH, el costo de las primas suele ser significativamente superior al que pagan personas sin esta condición de salud. Esto, en la práctica, se convierte en una barrera estructural que profundiza la desigualdad para miles de personas.

Estructura financiera que no actualiza su mirada sobre el VIH
Para Richardson, lo que ocurre en Curazao y Aruba no responde a criterios médicos actuales, sino a una estructura financiera que no ha actualizado su mirada sobre el VIH. No estamos hablando de personas enfermas sin capacidad de trabajar o vivir plenamente, estamos hablando de personas que si se les garantiza un tratamiento y seguimiento médico, pueden tener vidas estables, pero en el sistema financiero todavía se piensa en el VIH como hace 30 años”.
Richardson recalca que el problema no está escrito en una ley, sino en normativas internas, protocolos y percepciones del “riesgo” que terminan institucionalizando el estigma. En ese engranaje, también reconoce el peso de organismos como el Central Bank of Curaçao and Sint Maarten, cuyas regulaciones influyen directamente en las políticas de aseguradoras y entidades financieras.
Modificar ese sistema no es sencillo —advierte—. Existe un sector financiero altamente concentrado y con poco margen de competencia real, lo que dificulta que una compañía rompa el molde y marque un precedente. A ello se suma un bajo interés político sostenido en defender los derechos financieros de las personas con VIH. “A veces hay acercamientos desde la política —comenta—, pero muchas veces no pasan de ser gestos simbólicos o de campaña”.
El rol de Cura Plus y la respuesta comunitaria
Frente a estas barreras financieras que permanecen intactas desde hace años, Cura+ —la organización comunitaria que Richardson lidera— intenta acompañar a las personas con VIH no solo en el acceso a la salud, sino también en la defensa de sus derechos. No se trata únicamente de orientación médica o apoyo emocional: el trabajo también incluye visibilizar estas prácticas discriminatorias y dialogar con instituciones para impulsar cambios estructurales.
Informar, acompañar y abrir el debate público es, hoy por hoy, una de las estrategias más importantes. “No estamos pidiendo privilegios”, insiste Richardson, “estamos pidiendo igualdad. Si una persona con VIH está en tratamiento y en control, no hay razón médica ni científica para seguir manteniendo las barreras en el sistema financiero.”
Lo que queda claro es que no se trata solo de trámites financieros. Se trata de cómo la desinformación termina convirtiéndose en política pública no escrita, impactando en la vida cotidiana de miles de personas.
Hacia políticas financieras libres de estigma y discriminación
La historia que comparte Richardson no es un caso aislado. Es el reflejo de cómo, aun cuando la ciencia ha transformado al VIH en una condición crónica manejable, las estructuras financieras siguen ancladas a prejuicios del pasado. Y esas decisiones —aparentemente “técnicas y administrativas”— tienen consecuencias humanas profundas: impiden acceder a una casa, a una pensión digna y a un seguro que proteja a la familia.
La evidencia médica es clara: una persona con VIH en tratamiento puede vivir tantos años como cualquier otra, trabajar, amar, soñar y construir. Lo que hoy falta —como señala Richardson— es que bancos, aseguradoras y autoridades regulatorias actualicen su mirada y actúen en consecuencia.
Promover políticas financieras libres de estigma no significa pedir excepciones. Significa, simplemente, garantizar igualdad de trato y acceso en base a criterios reales de salud y riesgo, no a prejuicios históricos. Significa que una declaración de VIH no sea una sentencia de exclusión económica.
La voz de Richardson nos recuerda que el VIH no define a una persona. Lo que sí puede definirnos —como sociedades— es cómo decidimos tratar a quienes viven con él. Y hoy, más que nunca, el llamado es a construir entornos libres de estigma, donde todas las personas puedan acceder a sus derechos sin miedo, sin barreras y sin excepciones.
Esta entrevista fue realizada en Bonaire, en el marco de la Conferencia N=N (No por midié = No por transmitié), conocida en español como I=I (Indetectable = Intransmisible), organizada por la Fundashon Mariadal con motivo del Día Mundial en Respuesta al VIH y Sida, el 1 de diciembre de 2025. Este espacio reunió a profesionales de la salud, activistas y personas que viven con VIH para dialogar sobre derechos, evidencia científica y estrategias para reducir el estigma en el Caribe.